Se trata de un túmulo artificial de 75 metros de diámetro que cubre el dolmen. Dicho túmulo se levanta sobre unos terrenos llanos, por lo que resulta perfectamente reconocible.
El Dolmen de Soto pertenece al tipo denominado «de galería o largo corredor», y con sus 20,90 metros de longitud constituye el más largo de los dólmenes de Huelva. Su entrada se orienta hacia el Este y tiene sólo 1,45 metros de altura, aunque la altura interior va aumentando progresivamente. Su anchura varía desde los 0,82 metros de la antigua puerta a los 3,10 metros de la cámara; el suelo es perfectamente llano, excepto en el acceso, dónde presenta una ligera inclinación hacia el interior.
Tanto las paredes como la cubierta del dolmen están hechas de grandes ortostatos de granito, la mayoría, caliza dura, arenisca, pizarra, e incluso conglomerado fosilífero, con unas dimensiones que oscilan entre los 3,25 – 4,25 metros de longitud, y los 1,25 – 3,10 metros de anchura, y tienen un grosor aproximado de 0,55 metros.
A los 4 metros de la entrada, el corredor se estrecha mediante dos ortostatos que hacen las veces de puerta de acceso a la cámara funeraria, que se localiza a 14 metros de la entrada; tiene más de 3 metros de anchura y casi 3,50 metros de altura. Detrás del mencionado estrechamiento, hay un bloque de 1,80 metros de altura que actúa como pilar de sustentación de una de las losas de la cubierta, probablemente rota en el momento de ser colocada.
En varios de los ortostatos hay numerosos y variados grabados que constituyen uno de los repertorios más importantes de la Península Ibérica. Entre los motivos representados hay simples líneas, «cazoletas» y otros signos de difícil interpretación, además de puñales, un ídolo, y figuras antropomorfas, entre ellas dos consideradas por Obermaier como madre e hija, ya que la menor aparece bajo el brazo de la mayor. Bajo este ortostato se hallaron los cadáveres de una mujer y de un niño. Aunque la mayoría de los grabados se distribuyen por ambas paredes del corredor y de la cámara, uno de ellos se localiza en una de las losas que cubren la entrada de la cámara.
En el interior del dolmen, que no había sido violentado, se hallaron ocho cadáveres, en cuclillas y apoyados en los ortostatos con grabados. El ajuar funerario, bastante escaso, se compone de objetos líticos como hachas pulimentadas y cuchillos de sílex, así como de vasijas de barro hechas a mano, un brazalete cónico de hueso, algunos fósiles marinos y varias cuentas de collar.
A unos 250 metros del dolmen descrito halló Obermaier los restos, muy destruidos, de un segundo dolmen, de los que aún pudo extraer algunos datos constructivos. Según este autor, el corredor tendría unos 8 metros de largo por 1,40 metros de anchura, y la cámara funeraria unos 6 metros de largo por 2,50 metros de anchura por término medio. También esta sepultura fue excavada por Armando Soto, quien localizó los restos óseos de entre 18 y 20 individuos, la mayoría de los cuales estarían en cuclillas y apoyados contra las paredes, como en el dolmen vecino, pero otros estaban en posición de decúbito supino y orientados verticalmente con respecto al eje del sepulcro colectivo. Los esqueletos estaban recubiertos por una capa de tierra dura mezclada con grandes guijarros.